El choque

February 23rd, 2010

 

El choque era inminente. Un frío sudor empapó mi cuerpo. En instantes más sería testigo de algo que solo yo podía evitar. Si, yo podía evitar el choque. Frontal. Perfecto choque, que dejaría al costado de las vías solo pedazos de hierros retorcidos. Hierro que antes tenía forma. Esbeltas máquinas, perfectas y hermosas máquinas quedarían reducidas a una masa de hierro informe. No haría nada por evitarlo. Al contrario, gozaba pensando en lo que instantes después vería.

Hacía tiempo que quería hacerlo y no me animaba. Solo bastaba bajar una palanca, la correcta y conectar ambas vías. Sin dudarlo bajé la palanca. Listo, las vías estaban conectadas.

Las máquinas marchaban veloces al lugar del encuentro. La velocidad era la máxima que podían desarrollar. Y allí iban ellas. Devorando vías sin saber cual era el destino que les esperaba. Solo yo lo sabía. Solo yo gozaba con el momento que estaba por vivir. Era un gozo extraño. Gozaba sabiendo que iba a ver como cosas en uso y con forma, y que ahora gracias a mi intervención, perversa intervención, solo quedarían cosas informes e inservibles. Cosas que cambiarían de forma gracias al capricho de la casualidad o de alguna fuerza misteriosa que determinaba que esto quedase así, esto de esta otra manera.

El hecho es que no sabía como quedarían y eso me gustaba.

De chico nunca tuve un juguete sano por mucho tiempo. Me gustaba golpearlo para cambiarlo de forma. De un flamante auto rojo al que se le abrían las puertas y el capot, surgía algo que parecía un caballo, un florero o lo que imaginación en ese momento veía o creía ver. Y que con otro golpe ya representaba alguna otra cosa. Un solo juguete, al tiempo, representaba para mí cientos de juguetes diferentes.

A mi imaginación la llamaban agresividad.

Cuando no tuve más juguetes porque mis padres y familiares se cansaron de que los rompiera, probé con los vidrios. Era hermoso ver como se astillaban, saltaban, bailaban en el aire y caían al suelo donde volvían a astillarse. Y donde había estado el vidrio, quedaban restos que parecían flores, una nube, un perro y mil cosas más que por la imaginación de un niño podían pasar.

Pero ya no era un niño y no estaban mis padres para prohibirme esto. Yo ya podía decidir.

Con solo haber movido la palanca, las máquinas se enfrentarían. Y yo podría presenciar el acto genial que había preparado. No me volvería atrás. No ahora que ya estaba decidido. No ahora que mi imaginación estaba adivinando las formas en que quedarían los hierros. No ahora que solo las separaban metros, segundos, centímetros, décimas de segundo…

Las máquinas entraron veloces en la recta. Ya no había retorno. Ya habían entrado en la misma vía. Ya el choque era inminente, inevitable. El sudor de la frente caía sobre mi cara. Finalmente en un movimiento veloz tomé una de las máquinas justo en el instante en que la otra pasó por el punto del ya imposible choque. El magnifico tren que me había comprado un tía hacía muchísimos años era el único juguete que me había quedado sano, solo porque mis padres no me lo dieron en su momento. Lo guardaron para cuando creciera y supiera valorarlo.

Nuevamente me había arrepentido en el último instante posible. Nuevamente había quedado sin la emoción del choque.

El rey Arturo, Sir Lancelot y la bruja.

February 22nd, 2010

(Esto lo escuché un par de veces en el viejo programa de Rolando Hanglin en radio Continental y lo escribí como pude, con mis palabras, y desconozco el autor.)

El mago Merlín, enojado con el Rey Arturo, le impone un maleficio por el cual en 24 horas debía averiguar que esperaban las mujeres de los hombres. De no averiguarlo, se convertiría en estatua de granito.

Arturo inmediatamente reunió a los Caballeros de la Mesa Redonda. Les planteo el problema. Los caballeros se miraban entre si esperando que alguno contestara. Finalmente, su fiel amigo Sir Lancelot le dice:

-Majestad, lamentablemente ninguno de nosotros sabe la respuesta. Ahora lo que puedes hacer es convocar a los sabios de la corte.

Arturo prestamente hace llamar a todos los sabios y les hace saber su necesidad. Nuevamente pasa lo mismo. Los sabios meneaban la cabeza negando una respuesta hasta que por fin uno de ellos le dice:

-Ohh!! Majestad, cuanto lamentamos tener que decirte que no. Que no estamos en condición de brindarte una respuesta que te libre del maleficio, pero ninguno de nosotros tiene la sabiduría tal como para conocer dicha incógnita. La única posibilidad que tienes es consultar a una bruja que vive en las afueras del pueblo, a la entrada del bosque de Sherwood. Es una bruja terriblemente fea, hedionda, se le caen los mocos, se tira pedos, y eructa a cada rato pestilentemente. No hay ladrón ni alimaña que se anime a acercarse a su choza.

El Rey Arturo ordeno preparar su caballo, su custodio y partió a encontrar a la bruja. A cientos de metros, ya se empezaba a sentir la pestilencia que venia de la choza. La custodio desertó y el cabalo de Arturo se negó a seguir. Estaba Arturo por flaquear, cuando pensando en lo que le esperaba, tomo coraje y entro en la choza. La bruja, sentada al costado de un caldero, revolviendo vaya uno a saber que, le dijo antes que Arturo dijera palabra alguna:

-Se a que vienes y tengo la respuesta. Esta la podrás conocer solo si logras que tu amigo Lancelot se case conmigo y consumemos el matrimonio.

Cabizbajo por tamaño precio, Arturo le contó a su amigo lo sucedido a lo que este le respondió:

-Arturo, eres mi mejor amigo y mi rey. Por el amor que te tengo como amigo y la lealtad como mi soberano, ve y dile que si, que acepto todas sus condiciones.

Enterada la bruja cumplió su parte diciéndole a Arturo:

-Lo que la mujer quiere es que el hombre no le imponga su voluntad, que la deje ser ella misma y la respete y valore como lo que es, un igual.

-¿Solo eso? Pregunto Arturo.

-Solo eso y nada más que eso, respondió la bruja con lo que inmediatamente quedo liberado del  maleficio.

Acto seguido se organizo el casamiento, que el cura tuvo que oficiar la ceremonia a la distancia  y atado porque se negaba, debido al olor que salía de la bruja.

Llegados a la alcoba, la bruja le dijo a Lancelot,

-Espérame solo unos instantes que ya vuelvo. Volvió convertida en una belleza que nunca un humano había visto. Sir Lancelot quedó sin habla, petrificado por la belleza que sus ojos captaban. La bruja le dijo:

-Lancelot, eres un hombre noble y fiel. No te importó ni mi apariencia, ni mis olores pestilentes, priorizaste tu amistad y lealtad al rey en detrimento de tu felicidad, es por eso que voy a premiarte. Voy a tener esta apariencia medio día y el otro medio día, seré la bruja que tu conociste. Solo tienes que decirme que medio día quieres que este así y que medio día como bruja. De noche linda para vos y de día fea para tu vida social con amigos o de día fea para vos y linda de noche para compartirme con tus amigos…

Sir Lancelot que todavía no salía de su asombro por la belleza deslumbrante que tenía frente a si, le contesta:

-Ohh, esposa mía, eres tan bella y considero tanto el premio que recibo por algo que hice de corazón que no me importa que momento estás estés así de bella ya que repito es demasiado premio para mi. Cualquier momento del día está bien.

La bruja que no esperaba tal respuesta, piensa un segundo y le dice:

-No solo eres fiel y noble. Eres también sabio ya que conoces a la perfección el espíritu de la mujer al dejarme elegir a mí, en premio a esto estaré las 24 horas con esta belleza….

Colorín colorado, el cuento se ha terminado.

La enseñanza que nos queda a los hombres es obvia.

La moraleja es:

 

 

“La mujer tenga la apariencia que tenga, en el fondo es una bruja”

Inseguridad

February 19th, 2010

Sin lugar a dudas, la palabra INSEGURIDAD es la más pronunciada y escrita por estos días. Continuamente por radio, televisión y en los diarios, escuchamos, vemos y leemos sobre muertes, asaltos, rehenes. Y paralelamente escuchamos, vemos y leemos sobre las cosas que hay que hacer para dar fin a esta inseguridad.

Una de los motivos que dicen influye en estos niveles de inseguridad es la falta de trabajo, la pobreza, la desigualdad. Me pregunto, ¿Los miles de cartoneros que día a día revisan la basura en busca de algo para vender y hasta inclusive algo que comer no están excluidos también de esta sociedad? ¿No viven en la más grande de las pobrezas? ¿Harían este trabajo si tuvieran otro? Sin embargo no les da por delinquir. Porque son gente honesta.

El conseguir las cosas facilmente, sin esfuerzo, la deshonestidad y sin ningún lugar a dudas la droga, un cóctel de esto, son el motor de todos estos delincuentes que nos mantienen día a día en vilo, con el temor de ser YO la próxima victima, o lo que es peor, que sean nuestros hijos los que la sufran.

Me parece bien atacar la pobreza, aumentar las fuentes de trabajo, disminuir la desigualdad, pero creo que hay que hacer algo YA. No mañana y menos pasado mañana. Ya.

Empecemos por poner presos a todos los que hayan delinquido. Grandes y chicos. Porque mi perro sabe cuando hizo una macana y corre al jardín para que no lo agarre. Cuanto más una persona sabe lo que está bien o mal, aunque tenga 13 o 14 años. No estoy diciendo que deben estar junto a los mayores delincuentes. No. Deben estar en instituciones que los atiendan como se debe. ¿No las hay hoy en día? Debe haber lugares donde se los pueda retener temporalmente.

Un delincuente preso, es un delincuente menos de que preocuparse. Mientras tanto se trabaja en lo que muchos dicen son las causas. No para mi. No al menos la condición indispensable. Falta de trabajo, pobreza, desigualdad.

Tampoco se debería dejar en libertad a los procesados hasta el juicio cuando tengan antecedentes. Y mucho menos si esos antecedentes son por violación. Porque las victimas de cualquier tipo de delito, tienen que llevar las secuelas físicas y/o emocionales de lo sufrido de por vida, entonces por una cuestión de JUSTICIA, la pena impuesta a los delincuentes la deberían cumplir estrictamente, desde el momento de la detención. Inclusive, el que mata la pena debería ser de por vida. Sobre todo si es en ocación de robo, toma de rehenes, secuestro y violación. Atendiendo particularmente los casos de accidente, emoción violenta y otro por el estilo que se me escapa por desconocimiento de las leyes.

Los castigos de la justicia son “la venganza de un tercero imparcial”. Hoy, no lo parece. Da la sensación de estar la balanza más hacia el lado de los delincuentes que hacia el lado de las victimas.

Es de esperar que alguién por fin, le ate bien atada la venda a la justicia.

El ángel del amor

February 19th, 2010

Note que las 3 chicas se me acercaban. Una de ellas, se les adelanto y cuando estuvo a mi lado me dijo:

¿Usted es el señor que vio el Ángel?

Las mire y se me perdió la mirada en los recuerdos. Sin darme cuenta, las chicas timidamente se fueron sentando de a una en las otras sillas de la mesa del café.

Estaba nuevamente en el campo. Era una preciosa tarde de verano. El sol dominaba el paisaje, amarillo, fulgurante, a pleno.

Yo caminaba entre la hierba que, a veces me llegaba por encima de las rodillas.

En bermudas, la remera me la habia sacado y la tenia enganchada entre el pantalon y la espalda, colgando como si fuera solo la parte de atrás de una pollera.

En la riñonera llevaba los ejemplares que iba cazando. En mi mano derecha la red con la que sometia a las precisos mariposas multicolores, que casualmente eran mi meta. Hermosas mariposas, producto de un milagro de transformacion. Crisalida, mariposa.

El paisaje era incomparable. Al frente, se bajaba hacia un valle por el cual, desde donde estaba, el rio corria como un reguero de plata. A mis espaldas y parcialmente hacia los costados, un frondoso bosque de coniferas. Y Al fondo, hacia todos lados, montañas.  Todas con algo de nieve en su cumbre.

Estaba persiguiendo un hermoso ejemplar, cuando note que entre la muralla casi impenetrable de pinos, emergia una luz muy blanca. No sabia que podia ser y la curiosidad pudo mas y permitio que mi perseguida, escapara.

Me dirijí hacia el origén de la luz. Fui apresurando el paso a medida que me acercaba. Mucho me costo entrar entre las ramas de los pinos, que uno al lado del otro casi no permitian ni siquiera se filtrara un rayo de sol, pero que dejaban ver esa luz blanca y atrapante.

De repente, llegue a un claro en el bosque. Casi un circulo perfecto de unos cien metros de diametro. Y en medio de este circulo, flotando en el aire, irradiando una luz tan blanca que se diferenciaba a la amarilla del sol, difusa, habia una mujer, de largo vestido blanco que se movia como por efectos de un viento que ahí no soplaba.

Quede paralizado. No se cuentos minutos estuve observandola.

Sonreía, me sonreía y se movía como si los brazos también fueran sacudidos por el viento. O tal vez bailaba. No se.

Me fui acercando ya que no era temor lo que sentía. Muy por el contrario. De ella emanaba, paz, tranquilidad, amor.

Seguía sonriendo mientras yo daba vueltas alrededor observándola. Era como transparente. Caí de rodillas frente a ella y le pregunte:

-¿Quién eres? ¿un Ángel?

Sin dejar de sonreír ni por un instante, sentí que me contestaba aunque no pronuncio palabra alguna. Como una música celestial comprendí que me decía que si.

La piel se me puso de gallina, ateo como era…. no lo podía creer.

-¿Eres… eres el espíritu de algún muerto?

-No, no hay tal cosa.

-¿Cómo?

-Soy tu alma. En mi vez el amor que sentís, la paz y tranquilidad que ese amor te da.

-Pero…

-Te explico en una forma que entiendas. Cuando nacemos, nuestra alma, es como si sacáramos un balde de agua del mar, del mar de las almas y cuando dejamos esta tierra, devolvemos ese balde al mar y esa agua deja de ser la del balde para juntarse con el todo. No hay un alma de alguien en especial, sino que todos somos un solo espíritu que es el Todo, que es la Paz, que es el Amor.

-¿Entonces… que haces aquí?

-Simplemente me trajo tu dolor. Aquí estoy para decirte que no es tu tiempo. Aun no. A pesar que somos una sola alma, un solo Amor, no siempre en la vida humana lo que sentimos por alguien es lo que ese alguien siente por nosotros.

-¿Y…?

-Ya llegara.

Me incorpore para tomar su mano que tenia extendida hacia mi y desapareció.

Como un sacudón, volví a la realidad del bar donde estaba.

Las chicas se levantaron y con un tímido gracias las vi alejarse riéndose de mi.

Yo se que no me creen. Nadie me cree, pero la paz y tranquilidad y el amor que sentí, son reales. Yo lo ví… y todo se lo debo al Angel del Amor.

Premios y castigos

February 19th, 2010

I

 

Tomó el primer expediente de la pila. Leyó con detenimiento el nombre que con letras doradas estaba impreso tanto en la solapa como en el frente de la carpeta: PEREZ, SUSANA. Lo abrió de atrás hacia adelante, y detenidamente estudió el informe de la última hoja.

-Otra vez!!, dijo golpeando con su puño en el escritorio. Haga venir un Ángel Ejecutor, le pidió a su secretaria a través del intercomunicador.

A los pocos minutos llegó el Ángel. Era la primera misión que le sería encargada. Entró a la sala de control y quedó perplejo por lo que vio. Monitores en todas las paredes controlados por Ángeles Operadores. Estos tomaban notas, iban y venían por toda la sala. Enfrente en un inmenso escritorio lo vio a El. Era tal cual se lo imaginó. Una melena corta totalmente blanca al igual que cejas y barba. Unos ojos azul profundo que lo miraron fijamente mientras le hacía señas que se acercara y se sentara frente e El. La túnica blanca, larga, amplia, no le impedía darse vuelta, controlar monitores, escribir en la computadora que tenía al lado con total naturalidad.

No era miedo lo que sentía porque El era Bondad. Era sobrecogimiento por estar frente a El. Tratando de no demostrar ningún sentimiento, se sentó tal cual se le indicaba.

-Tenemos esta humana que hace tres encarnaciones que viene desviándose un poco. Quiero aplicarle un castigo terrenal.

El le explicaba mirándolo fijamente mientras le acercaba una copia del expediente que el Ángel abrió.

-Según habrá estudiado debe ser un castigo medianamente débil, del tipo 2B, siguió diciendo, acá en este sobre tiene los datos de donde encontrarla, y el tiempo terráqueo que dispone para aplicar el castigo. Encontrará también, prosiguió, la fecha en la que deberá hacerme el primer informe de la marcha de su misión. Ahora… si me disculpa, terminó diciendo, cortante pero  sin ningún tipo de brusquedad.

El Ángel se levantó, caminó unos pasos y se dio vuelta para volver a mirarlo. El ya estaba en otro asunto. No era la sala como se imaginaba que se controlaba todo. Salió, recogió sus cosas y fue a la terminal a tomar el transporte que lo llevaría a la Tierra. Estaba muy contento de conocer como Ángel el planeta en el que había vividos sus vidas antes de llegar a Ángel. Sus recuerdos como humano le habían sido borrados, como a todo Ángel. Solo sabía que había sido humano y nada más.

Llego a la terminal prácticamente cuando el transporte salía. Entró y solo casi al final había un asiento libre. El Ángel que ocupaba el asiento contiguo estaba totalmente dormido y despatarrado, así que tuvo que sentarse en la punta del asiento para no despertar a su eventual compañero de viaje.

Abrió su notebook y se ubicó en el planisferio. Tomó la carpeta y leyó Argentina. Con la flecha del trackball hizo doble click en ese país y se desplegó el mapa.  Buscó de la misma forma Santa Fé, luego Venado Tuerto. Ya estaba ubicado. Ya sabía como llegar.

Una vez instalado en la habitación del hotel de Venado Tuerto, corporizado como humano bajó al bar para ir ambientándose, pensar realmente como implementar el mejor castigo y además ver como era la forma en que vivían los humanos. Como habían sido sus vidas anteriores.

 

 

 

II

 

El leía el informe del progreso del castigo. El Ángel trataba de adivinar que pensaba, pero su cara no reflejaba nada. Por fin dijo EL mirando ahora al Ángel:

-Muy bien. Esto me parece excelente. Usted se corporizo como… y leyó en el informe, un tal Carlos Maldonado, que la pretende a pesar de las negativas de ella, convirtiéndose casi en una pesadilla. Muy bien…Muy bien, siguió diciendo a la vez que continuaba con la lectura. El Ángel se movió en su asiento contento por las alabanzas y un poco molesto por su modestia, diciendo:

-Es evidente que se siente molesta por esto, pero responde educadamente y no es para nada agresiva, muy por el contrario…

-Siga un tiempo más, continúo El, es posible que con esto que me dice acortemos el tiempo del castigo, en cuanto a usted…, hizo una pausa y lo miró fijamente a los ojos, usted tendrá su premio por esta excelente misión.

El Ángel aprovechó y pidió:

-Al corporizarnos como humanos, corremos el riesgo de caer en muchos de los sentimientos de ellos. En mi caso particular, este…No encontraba las palabras para seguir diciendo lo que realmente le pasaba.

El que era Sabiduría lo ayudó:

-Digamos que está entusiasmado, tal vez deslumbrado, o…tal vez, y mirando la foto de la humana que estaba en el legajo, con la picardía reflejada en el azul profundo de sus ojos, o tal vez hasta enamorado.

-No es para menos, agregó recostándose sobre el respaldar del sillón, sonriéndole para aflojar la tensión que denotaba el rostro del Ángel.

El Ángel bajó la cabeza  y asintió sin decir palabra. Y luego de unos segundos dijo:

-Tal vez si me permitiera seguir un poco más con esta misión, este…,tal vez solo el tiempo previsto al comienzo.

-No es común dar curso afirmativo a pedidos de este tipo, le dijo a la vez que se paraba y daba vuelta al escritorio para acercarse al Ángel haciendo que este también se levantara y empezaran juntos a caminar hacia la salida. -Concluya primero su misión y luego volvemos a hablar, terminó diciéndole ya cerca de la puerta.

Una vez retirado el Ángel, El se sentó en su escritorio y quedó pensativo por unos segundos.

-Ja-Ja-Ja, estalló en risas. No por nada soy quien soy dijo en voz alta sin dejar de reír. Es una idea genial. Voy a premiar al Ángel a la vez que la castigo a ella.

-Que vengan el Ángel Jefe y Cupido, ordenó con voz autoritaria y a la vez amable.

El Ángel Jefe, era ya un Ángel viejo, doblado por vaya a saber que dolencia, lo que hacía que la parte de adelante de la túnica la arrastrara por el piso. En cambio Cupido era un Ángel muy joven, con un cuerpo atlético que resaltaba usando solo pantalones blancos. El tradicional arco y flechas, los tenía en la musculosa espalda, en un carcaj también blanco. Se sentaron frente a El. Expeditivamente y sin otra palabra de por medio, les dijo dirigiéndose primero al Ángel Jefe:

-Haga todo lo necesario para que el Ángel encargado de esta misión, y le entregó el expediente que el Ángel Jefe ojeó asintiendo como si ya supiera de quién se trataba,  pierda sus atributos de Ángel, y recupere los del humano en el que está corporizado, al menos por esta vida terrena. Mirando ahora a Cupido le dijo: -Mientras tanto haga usted que esta humana se enamore de el, y le acercó una copia del mismo expediente. De esta manera,  estando ambos juntos, lo premio a él y la castigo a ella.

El umbral de la muerte

February 19th, 2010

No le fué fácil pero ahora la decisión estaba tomada.

Miró detenidamente el revolver en su mano derecha y de repente se acordó de una vieja duda que lo había llevado a leer varios libros al respecto. El umbral de la muerte. Ese instante entre la vida y la muerte y que hay detrás de él.

En esos libros gente que habría vuelto de la muerte, se encontró en un camino lleno de luz, con una sensación de bondad flotando en el ambiente. Otros por otra parte, se separaron del cuerpo y se vieron a ellos mismos yaciendo en el lugar de su muerte y pudiendo ver y escuchar a la gente a su alrededor.

¿Cual sería la verdad? Estaba a punto de saberla.

Apretó el gatillo y sintió una puntada en su cabeza. Esta se estrelló contra la mesa, mezclándose la sangre que fluía de su sien derecha con la de la nariz que se rompió al caer. El revolver se columpiaba enganchado del dedo índice de su mano derecha.

Dejó de sentir el cuerpo. Veía solo por el ojo izquierdo que le había quedado abierto. Pero su área de visión estaba restringida a una pared, cercana a la mesa. Quiso moverse pero no pudo.  No sabía si esta muerto o no.

De repente vio gente que se movía a su alrededor. La poca visión que tenía le permitió ver algún policía, gente de civil, un fotógrafo. No pudo determinar el tiempo que había pasado cuando notó que lo daban vuelta poniéndolo de espaldas sobre una camilla y lo taparon con una sábana. Evidentemente lo creían muerto, pero el veía lo que pasaba, no se había desprendido del cuerpo ni había entrado en un camino de luz. Estaba como antes, solo que no podía moverse, ni hablar, ni escuchar.

En un par de ocasiones, le destaparon la cara, lo miraban, hablaban seguramente de él. Hasta que por fin alguien le bajó los parpados. Ahora ni siquiera podía ver.

El tiempo ha pasado. Se dió cuenta que lo pusieron en un ataúd. Supone que fue velado y enterrado. No sabe cuanto hace de todo esto. Ha perdido la noción del tiempo. Ya está convencido de su muerte, que ésta nada tiene que ver con lo que leyó en los libros. Se ha dado cuenta que la carne se le va pudriendo, que se cae a pedazos, que su cuerpo ni se desprenderá de su alma ni que entrará en un mundo de luz y paz. 

Sabe ahora  que así será por toda la eternidad, nada, absolutamente nada…

Identidad

February 19th, 2010

Por fin llegó el día tan esperado. Hacía tres  que había vuelto al país, y  los había pasado en familia contando vivencias, anécdotas, alegrías, dolores. Pero hoy debía comenzar a buscar trabajo.

Con su titulo bajo el brazo, una maestría en periodismo  cursada en la mismísima Harvard, donde se recibió con todos los honores, partió hacia el grupo informativo más importante del país con una pequeña recomendación de su tío Alberto que era amigo del cuñado de vaya  a saber quien.

Cuando llegó, entregó la tarjeta de presentación a una recepcionista que detrás de unos ridículos anteojos le sonrió como diciendo de antemano “Esto no te sirve para nada…”. Tomó asiento en unos mullidos sillones y esperó ser llamado. Cuando llegó su turno, entró en una oficina digna de una película de Hollywood. Un gran ventanal al fondo desde donde se podía observar gran parte de la ciudad. Plantas, fotos y títulos por todos lados daban un aire de importancia al dueño de esa oficina. El hombre era evidentemente un ejecutivo a quien no le causaba ninguna gracia atenderlo. Con una sonrisa de plástico, tomó el curriculum y comenzó a leerlo.

-Mmmm, Harvard….Mmmmm, 24 años. De pronto, sacándose los anteojos, le pregunto: – Sos hijo de Juan Alberto Molina?

-Sí, soy Carlos…

-Pero por que no lo dijiste al presentarte, muchacho, lo interrumpió. Cuanto gusto me da el verte. Conocí a tu padre hace ya muchos años..

Ahora sí con una sonrisa sincera, tomó el teléfono y lo hizo sentar frente a él. Vio que apretó un botón bajo el cartel: Presidencia,  mientras el ejecutivo le decía, -Ya tenés trabajo en esta empresa. No podemos desperdiciar al hijo de Juan Alberto Molina. Cuál es tu nombre? preguntó.

-Carlos, señor…

-Señor Vázquez?, interrumpió levantando la palma de la mano y siguió, Ramírez habla, estoy con el hijo de Juan Alberto Molina, sí… vino por trabajo y descontando su respuesta se lo di… sí…sí…Como no…. En la sala de reuniones en veinte minutos…Sí señor. Y cortó

-Bueno, prosiguió, no te imaginás lo contento que está el Señor Vázquez con tu presencia. Va a llamar a reunión de todos los directores para dentro de veinte minutos para presentarte..Ahí tenés bebidas si querés tomar, le dijo señalando un pequeño barcito que había junto a una de las ventanas, enseguida vuelvo, este…. cual era tu nombre? volvió a preguntar.

-Carlos, señor, Carlos Molina fue su respuesta.

-Claro, claro Carlos, enseguida vuelvo, y se retiró.

Al cabo de unos minutos, entró una secretaria que poniéndose a un lado de la puerta le indicó que la siguiera. Caminaron sin decir palabra por unos pasillos alfombrados, con macetas por todos lados, iluminados a giorno, llenos de oficinas donde en cada una se leía a quien pertenecía. Por fin llegaron a una donde la secretaria le abrió la puerta y le indicó que entrara. Era una sala de reuniones, con una mesa enorme de forma levemente ovoidal, con los extremos planos, rodeada de personas que de pie, lo miraban. Él sentía como esas miradas lo atravesaban, lo estudiaban de pies a cabeza. Sintió como un leve rubor subía a sus mejillas. En una de las cabeceras estaba el Sr. Ramírez acompañado por alguien que supuso que era el Presidente del grupo. Este le hacia gestos de que se acercara. Cuando lo hizo el presidente lo tomó de una de las manos y palmeándole la espalda le decía:

-Muchacho, muchacho, que gusto… El hijo de Juan Alberto Molina…Que sorpresa…, y dándose vuelta y dirigiéndose a los demás presentes dijo:

- Señores,…me es grato anunciarles que desde hoy contamos como un colaborador más en este grupo, el hijo de Juan Alberto Molina, quien se va a desempeñar como…dudó y lo miró a Ramírez quien sorprendido tardó en responder

-Columnista sin firma por ahora,.. en el diario…

-Si,… prosiguió el presidente, mientras con un brazo lo tomaba por los hombros en un gesto protector, -Descontando que a la brevedad podrá firmar lo que escriba y seguramente llevando la sangre que lleva, no dudo en un éxito rotundo e inmediato…, tras lo cual el mismo comenzó un aplauso al que inmediatamente se acoplaron los presentes.

-Señores, prosiguió entonces, no dudo del apoyo vuestro al hijo de Juan Alberto Molina, y ahora… vuelta al trabajo.

Todos y cada uno de los presentes, desfilaron frente a él dándole un beso las mujeres, un apretón de manos los hombres y todos unas palabras de aliento y bienvenida.

Ramírez se acercó y le pidió que lo acompañara a lo que sería su nueva oficina.

Era un ambiente enorme, con escritorios enfrentados, todos con terminales de computadora. Teléfonos sonando, gente hablando, impresoras trabajando. Realmente era un infierno de ruidos y movimiento. Pero a solo unas horas de haber comenzado a buscar trabajo, se encontraba en uno de los medios más importantes de país, y con ciertas posibilidades de progreso.

Estaba meditando en esto cuando una señorita le acercó un papel que decía: Nota sobre situación inundación en Europa Central. 300 palabras. Martes 1ra. edición.  Su primera nota.  y luego vendrían más y más. Su innata capacidad lo llevó a destacarse inmediatamente entre sus pares.

-Que venga el hijo de Juan Alberto Molina, pidió Ramírez a su secretaria.

No habían pasado mas de cinco minutos cuando se abrió la puerta de la oficina y el hijo de Juan Alberto Molina entró a la oficina.

-Oh!!, que bien me estas haciendo quedar…le decía Ramírez extendiéndole la mano para estrechársela, sentate, por favor. Yo sabía que el hijo de Juan Alberto Molina no podía fallarme. Todos los de arriba están muy contentos, ya podés firmar tus artículos, le dijo.

-Muchas gracias, contestó tímidamente, con una alegría inmensa y contenida. Siempre pensé en hacerlo con un seudónimo, podré?…

-Claro, como no, le respondió, lo tenés pensado supongo…agregó.

-Por supuesto. Si no hay problema me gustaría que fuera CARMO.

-Sí, seguro, claro no hay problemas. Ya sabés que tenés que seguir ciertas normas legales para asentar el seudónimo, le contestó, pero no hay problemas…

Los artículos fueron saliendo. Cada vez más comprometidos con la realidad, cada vez con más opinión. Y pronto comenzaron a invitarlo a programas de opinión…-Ésta noche con la presencia del hijo de Juan Alberto Molina en nuestros estudios…decía un locutor anunciando uno de los programas de más rating de la televisión.-Hoy conocerán en vivo al hijo de Juan Alberto Molina, quien opinará de los últimos acontecimientos de dominio público, anunciaba otro.

-Con nosotros el hijo de Juan Alberto Molina….

La situación lo agobiaba. Tenía éxito, era reconocido por sus trabajos, pero era el hijo de Juan Alberto Molina. Apenas si lo reconocían por el seudónimo, pero nunca por el nombre.

El amor por fin llegó. Era una compañera de trabajo, de diagramación del diario. Las cosas fueron encaminándose hasta que llegó la presentación a los que él deseaba como sus futuros suegros…

-Mamá, papá, este el hijo de Juan Alberto Molina, mi novio, dijo la chica.

Sintió como una puñalada en el corazón. Si bien nunca había hablado de su problema con ella, no esperaba esta presentación, él era Carlos y quiso gritarlo a viva vos pero…

-Carlos, dijo con un tono de voz que evidenciaba molestia agregó, me llamo Carlos Molina.

Y así siguieron las cosas. No era para el mundo Carlos Molina sinó el hijo de Juan Alberto Molina. Las revistas de actualidad rezaban: Nació el nieto de Juan Alberto Molina…Los programas del espectáculo: Comienza el lunes el programa periodístico del hijo de Juan Alberto Molina.

No lo podía asumir. Él había desaparecido. Había sido tragado por el hijo de Juan Alberto Molina. Cuan importante fue mi padre para que yo no pueda existir por mí?

Evidentemente desequilibrado, y con una revista del espectáculo donde en la tapa anunciaba: La vida completa del hijo de Juan Alberto Molina. Sus amores y odios, saltó del puente al río.

Varios días pasaron hasta que por fin encontraron su cuerpo, llevado por la corriente río abajo.

Hoy, sus restos descansan en paz en un cementerio privado, donde su tumba es visitada por cientos de curiosos y admiradores de su trabajo quienes pueden leer como  epitafio: Aquí yace el hijo de Juan Alberto Molina – 19-01-1951/31-12-1995.

La casa

February 19th, 2010

Firmé y cuando levanté la vista, el vendedor ya tenía su mano extendida como para estrechar la mía. Ambos sonriendo lo hicimos y luego también con el dueño de la inmobiliaria. Este me dío las llaves de la casa, las que agarré firmemente, sin experimentar la alegría  esperada, pero notaba que una sensación  extrañamente agradable recorría mi cuerpo.

Subí al auto y fui para mi nueva casa. Lograda con mucho esfuerzo y ahorro. Entré. Estaba totalmente vacía. Grité: Hola,..hola.. Las paredes y techos, como en una bienvenida formal, repitieron el hola..hola..

-Mía, sos mía.. y varios duendes escondidos me devolvieron un mía, sos mía en un coro desincronizado.

Esta era mi casa. La primera de la que era propietario y que desde la firma del boleto, había realizado mil y un planes para su decoración y puesta a punto para  habitarla. Salí de inmediato a la pinturería, casa de electricidad, ferretería a comprar lo necesario para poner manos a la obra. Pedí vacaciones en el trabajo para hacerlo lo más rápido posible y ya al día siguiente comencé con el trabajo. Primero fue mi pieza la que pinté, así mientras seguía con el resto, la hice alfombrar. Luego otra habitación y después otra…. Al fin de cada día la recorría para ver como iba quedando,  si lo hecho se ajustaba a lo planeado. Todos los días terminaba exhausto. El cansancio envolvía mi cuerpo. Pero era un cansancio agradable, que lo sufría con alegría viendo tomar forma un sueño muchas veces postergado.

Así fueron pasando los días estimados para el trabajo. Contraté una señora para una limpieza profunda y llené la casa con muebles. Una mesa acá, una luz allá, puse cortinas, colgué cuadros. Por fin terminé. Mi casa estaba lista. Terminada.

Iba a ser el primer día que durmiera en ella  totalmente decorada ya que no quedaba un alfiler que no estuviera en su lugar.  Tenía pensado hasta la manera de festejar el acontecimiento.  Un festejo privado. Mi casa y yo.

Abrí una botella de champán, puse el mejor compact en el equipo, un libro pendiente de leer, y me senté triunfal en un sofá del living. Esa alegría que no sentí a la firma de la escritura, me invadió de repente. No podía concentrame en el libro. Recorría las paredes con la vista y experimenté de repente una emoción enorme. Todo estaba tan hermoso… Mi sueño se había convertido en realidad!!!

Luego de un par de horas de lectura, algo me distrajo. No era una presencia física.  Era algo intangible. Algo que paulatinamente fue creciendo en mi interior, hasta hacer imposible nuevamente la concentración en el libro. Me levanté varias veces. Recorrí la casa. Todas las habitaciones perfectamente arregladas, en todas el rico olor a limpieza. Pero no había nada. Nada que me indicara el porqué de esta sensación que poco a poco se iba convirtiendo en angustia. Apagué el equipo de música. Un silencio pesado invadió la casa. Ni siquiera de la calle llegaba el más mínimo murmullo. Entré a mi habitación, y nada. Luego fui al escritorio. Nada. Pasé por el cuarto de huéspedes. Tampoco. Los dos baños, la cocina, el comedor, espié en el garaje y volví al living. Nada ni nadie.

Volví a sentarme al comprender que estaba solo. Que esa sensación era la que producía tener una casa, pero no un hogar….

Agujero

February 19th, 2010

 

Era una tardecita hermosa de un día de mar en la costa atlántica. Acababa de salir del último chapuzón antes de volver a casa y para evitar llenarme de arena, quedé de pié mirando la gente ir y venir, las olas, los chicos jugando. El sol a mis espaldas, alargaba mi sombra. Yo, parado sobre ella, con una mano agarraba la otra por detrás, y así hacía un poco de tiempo para secarme. De repente vi un brillo que me llamó la atención.

 

Sobre la arena irregular de miles y miles de pisadas, a la altura del corazón de mi sombra extendida, había un brillo. Di un paso adelante, alargué la mano como para agarrarlo y ver que era. Desapareció. Ante mis ojos se esfumó. Seguí parado mirando de vez en cuando, hasta que por fin volvió a aparecer. Ahí estaba nuevamente el brillo.

 

Otra vez intenté agarrarlo y volvió a desaparecer, entonces me di cuenta que estaba sobre el dorso de mi mano extendida hacia adelante. Sin entender que era lo que realmente pasaba, miré de cerca mi mano, y no tenía nada, pero en el piso, ahí, sobre mi sombra en la arena, estaba otra vez el brillo. Esta vez no hice ningún movimiento como para agarrarlo. Lo miré detenidamente y ante un imperceptible movimiento mío, desapareció y luego volvió a aparecer. Entonces me di cuenta. ¡¡Era un rayo de sol!! Un rayo de sol que me atravesaba.

 

Tenía un agujero que me pasaba de lado a lado de mi cuerpo. Me vestí, corrí a casa y me miré al espejo. No podía creer lo que veía. Era muy pequeño, de pocos milímetros pero ahí estaba.

 

Hacía un tiempo que esporádicamente sentía un dolor en el pecho, en su momento lo atribuí al estrés. Evidentemente el dolor y el agujero habían llegado juntos.

 

Todos los días al levantarme, me miraba al espejo y si bien no era notorio el crecimiento de este fenómeno día a día, sí lo fue al cabo de una semana, creciente como el dolor que iba sintiendo.

 

Los días siguientes al descubrimiento, seguí yendo a la playa pero a medida que aumentaba su extensión, comencé a sentir vergüenza y dejé de ir. También tuve que dejar de hacer deportes con mis amigos. No podía bañarme ante ellos y que quedara al descubierto el agujero que crecía en tamaño y… dolor.

 

Fui al médico. Análisis y más análisis. –No hay nada físico que lo justifique– me dijo el Dr. Gutiérrez –además lo he consultado con un par de colegas y ellos tampoco tienen idea de qué es lo que pudo haber producido esto. Es algo imposible de creer, si no fuera que lo estoy viendo. No hay nada que podamos hacer…

 

Así fue que tuve que ir aprendiendo, de a poco, a vivir con él.

 

Jugando, primero pude meter un lápiz. Meses después, entró el puño. Aunque no es constante, el dolor también fue creciendo. Cuando estoy trabajando, entretenido en algo, es como si el dolor desapareciese, y luego, en momentos en que mi mente comienza a volar pensando en las cosas que me pasan, recomienza.

 

Hoy el agujero me ocupa casi todo el pecho. Ya no puedo estar con el torso desnudo. La imagen es monstruosa. El dolor, acorde con el tamaño, es por momentos insoportable. Trato de entretenerme, de mantenerme ocupado para no entrar en esos períodos de meditación que es cuando el dolor se agudiza. Pero no puedo.

 

El agujero crece y crece. El dolor también. Ya casi no tengo en qué pensar sin sentirlo….