Por fin llegó el día tan esperado. Hacía tres que había vuelto al país, y los había pasado en familia contando vivencias, anécdotas, alegrías, dolores. Pero hoy debía comenzar a buscar trabajo.
Con su titulo bajo el brazo, una maestría en periodismo cursada en la mismísima Harvard, donde se recibió con todos los honores, partió hacia el grupo informativo más importante del país con una pequeña recomendación de su tío Alberto que era amigo del cuñado de vaya a saber quien.
Cuando llegó, entregó la tarjeta de presentación a una recepcionista que detrás de unos ridículos anteojos le sonrió como diciendo de antemano “Esto no te sirve para nada…”. Tomó asiento en unos mullidos sillones y esperó ser llamado. Cuando llegó su turno, entró en una oficina digna de una película de Hollywood. Un gran ventanal al fondo desde donde se podía observar gran parte de la ciudad. Plantas, fotos y títulos por todos lados daban un aire de importancia al dueño de esa oficina. El hombre era evidentemente un ejecutivo a quien no le causaba ninguna gracia atenderlo. Con una sonrisa de plástico, tomó el curriculum y comenzó a leerlo.
-Mmmm, Harvard….Mmmmm, 24 años. De pronto, sacándose los anteojos, le pregunto: – Sos hijo de Juan Alberto Molina?
-Sí, soy Carlos…
-Pero por que no lo dijiste al presentarte, muchacho, lo interrumpió. Cuanto gusto me da el verte. Conocí a tu padre hace ya muchos años..
Ahora sí con una sonrisa sincera, tomó el teléfono y lo hizo sentar frente a él. Vio que apretó un botón bajo el cartel: Presidencia, mientras el ejecutivo le decía, -Ya tenés trabajo en esta empresa. No podemos desperdiciar al hijo de Juan Alberto Molina. Cuál es tu nombre? preguntó.
-Carlos, señor…
-Señor Vázquez?, interrumpió levantando la palma de la mano y siguió, Ramírez habla, estoy con el hijo de Juan Alberto Molina, sí… vino por trabajo y descontando su respuesta se lo di… sí…sí…Como no…. En la sala de reuniones en veinte minutos…Sí señor. Y cortó
-Bueno, prosiguió, no te imaginás lo contento que está el Señor Vázquez con tu presencia. Va a llamar a reunión de todos los directores para dentro de veinte minutos para presentarte..Ahí tenés bebidas si querés tomar, le dijo señalando un pequeño barcito que había junto a una de las ventanas, enseguida vuelvo, este…. cual era tu nombre? volvió a preguntar.
-Carlos, señor, Carlos Molina fue su respuesta.
-Claro, claro Carlos, enseguida vuelvo, y se retiró.
Al cabo de unos minutos, entró una secretaria que poniéndose a un lado de la puerta le indicó que la siguiera. Caminaron sin decir palabra por unos pasillos alfombrados, con macetas por todos lados, iluminados a giorno, llenos de oficinas donde en cada una se leía a quien pertenecía. Por fin llegaron a una donde la secretaria le abrió la puerta y le indicó que entrara. Era una sala de reuniones, con una mesa enorme de forma levemente ovoidal, con los extremos planos, rodeada de personas que de pie, lo miraban. Él sentía como esas miradas lo atravesaban, lo estudiaban de pies a cabeza. Sintió como un leve rubor subía a sus mejillas. En una de las cabeceras estaba el Sr. Ramírez acompañado por alguien que supuso que era el Presidente del grupo. Este le hacia gestos de que se acercara. Cuando lo hizo el presidente lo tomó de una de las manos y palmeándole la espalda le decía:
-Muchacho, muchacho, que gusto… El hijo de Juan Alberto Molina…Que sorpresa…, y dándose vuelta y dirigiéndose a los demás presentes dijo:
- Señores,…me es grato anunciarles que desde hoy contamos como un colaborador más en este grupo, el hijo de Juan Alberto Molina, quien se va a desempeñar como…dudó y lo miró a Ramírez quien sorprendido tardó en responder
-Columnista sin firma por ahora,.. en el diario…
-Si,… prosiguió el presidente, mientras con un brazo lo tomaba por los hombros en un gesto protector, -Descontando que a la brevedad podrá firmar lo que escriba y seguramente llevando la sangre que lleva, no dudo en un éxito rotundo e inmediato…, tras lo cual el mismo comenzó un aplauso al que inmediatamente se acoplaron los presentes.
-Señores, prosiguió entonces, no dudo del apoyo vuestro al hijo de Juan Alberto Molina, y ahora… vuelta al trabajo.
Todos y cada uno de los presentes, desfilaron frente a él dándole un beso las mujeres, un apretón de manos los hombres y todos unas palabras de aliento y bienvenida.
Ramírez se acercó y le pidió que lo acompañara a lo que sería su nueva oficina.
Era un ambiente enorme, con escritorios enfrentados, todos con terminales de computadora. Teléfonos sonando, gente hablando, impresoras trabajando. Realmente era un infierno de ruidos y movimiento. Pero a solo unas horas de haber comenzado a buscar trabajo, se encontraba en uno de los medios más importantes de país, y con ciertas posibilidades de progreso.
Estaba meditando en esto cuando una señorita le acercó un papel que decía: Nota sobre situación inundación en Europa Central. 300 palabras. Martes 1ra. edición. Su primera nota. y luego vendrían más y más. Su innata capacidad lo llevó a destacarse inmediatamente entre sus pares.
-Que venga el hijo de Juan Alberto Molina, pidió Ramírez a su secretaria.
No habían pasado mas de cinco minutos cuando se abrió la puerta de la oficina y el hijo de Juan Alberto Molina entró a la oficina.
-Oh!!, que bien me estas haciendo quedar…le decía Ramírez extendiéndole la mano para estrechársela, sentate, por favor. Yo sabía que el hijo de Juan Alberto Molina no podía fallarme. Todos los de arriba están muy contentos, ya podés firmar tus artículos, le dijo.
-Muchas gracias, contestó tímidamente, con una alegría inmensa y contenida. Siempre pensé en hacerlo con un seudónimo, podré?…
-Claro, como no, le respondió, lo tenés pensado supongo…agregó.
-Por supuesto. Si no hay problema me gustaría que fuera CARMO.
-Sí, seguro, claro no hay problemas. Ya sabés que tenés que seguir ciertas normas legales para asentar el seudónimo, le contestó, pero no hay problemas…
Los artículos fueron saliendo. Cada vez más comprometidos con la realidad, cada vez con más opinión. Y pronto comenzaron a invitarlo a programas de opinión…-Ésta noche con la presencia del hijo de Juan Alberto Molina en nuestros estudios…decía un locutor anunciando uno de los programas de más rating de la televisión.-Hoy conocerán en vivo al hijo de Juan Alberto Molina, quien opinará de los últimos acontecimientos de dominio público, anunciaba otro.
-Con nosotros el hijo de Juan Alberto Molina….
La situación lo agobiaba. Tenía éxito, era reconocido por sus trabajos, pero era el hijo de Juan Alberto Molina. Apenas si lo reconocían por el seudónimo, pero nunca por el nombre.
El amor por fin llegó. Era una compañera de trabajo, de diagramación del diario. Las cosas fueron encaminándose hasta que llegó la presentación a los que él deseaba como sus futuros suegros…
-Mamá, papá, este el hijo de Juan Alberto Molina, mi novio, dijo la chica.
Sintió como una puñalada en el corazón. Si bien nunca había hablado de su problema con ella, no esperaba esta presentación, él era Carlos y quiso gritarlo a viva vos pero…
-Carlos, dijo con un tono de voz que evidenciaba molestia agregó, me llamo Carlos Molina.
Y así siguieron las cosas. No era para el mundo Carlos Molina sinó el hijo de Juan Alberto Molina. Las revistas de actualidad rezaban: Nació el nieto de Juan Alberto Molina…Los programas del espectáculo: Comienza el lunes el programa periodístico del hijo de Juan Alberto Molina.
No lo podía asumir. Él había desaparecido. Había sido tragado por el hijo de Juan Alberto Molina. Cuan importante fue mi padre para que yo no pueda existir por mí?
Evidentemente desequilibrado, y con una revista del espectáculo donde en la tapa anunciaba: La vida completa del hijo de Juan Alberto Molina. Sus amores y odios, saltó del puente al río.
Varios días pasaron hasta que por fin encontraron su cuerpo, llevado por la corriente río abajo.
Hoy, sus restos descansan en paz en un cementerio privado, donde su tumba es visitada por cientos de curiosos y admiradores de su trabajo quienes pueden leer como epitafio: Aquí yace el hijo de Juan Alberto Molina – 19-01-1951/31-12-1995.